Cuando nacen nuestros hijos, inevitablemente soñamos con cómo será su vida. En mi caso, me imaginaba que tocaría un instrumento musical, que destacaría en los deportes, o que sería el más gracioso de la clase. Soñaba con su futuro: que crecería, estudiaría una carrera o un ciclo formativo, se emparejaría, formaría una familia… y que algún día me convertiría en abuela.
Pero la vida, con su maravillosa y a veces desafiante imprevisibilidad, nos enseña otra cosa. Hoy, mis sueños son diferentes, mucho más simples pero igual de grandes: ahora solo quiero que mis hijos sean felices y autónomos, cada uno a su manera, en su propio tiempo y con sus propias reglas.

Nunca imaginé que tendría que luchar por cosas tan sencillas como elegir un colegio, encontrar una actividad extraescolar, o incluso por lograr que el mundo entienda que cada niño tiene un lugar y un valor únicos. Tampoco imaginé que tendría que cambiar mis planes, mis círculos, incluso mi forma de ver la vida, porque el autismo no siempre encaja con todo ni con todos.
Y mentiría si dijera que esta realidad no ha cambiado nuestras vidas. Todos los que habéis leído hasta aquí seguro que habéis vivido ese cambio. Pero tampoco mentiría si dijera que, de muchas maneras, el autismo nos ha cambiado la vida para mejor. Nos ha hecho más conscientes, más resilientes, más humanos. Nos ha enseñado a disfrutar de las pequeñas cosas, a celebrar los pequeños grandes logros y, sobre todo, a luchar por un mundo más justo, no solo para nuestros hijos, sino para todos.
Ese espíritu de lucha, de esperanza y de comunidad, nos ha traído hasta aquí. Y de esa lucha nace Un Nico Nico.
“Un Nico Nico” significa muchas cosas: “Único” porque Nico, mi hijo autista es único, como cada persona dentro del espectro lo es. También son autentico: Nico es Nico, sin igual, Paco es Paco, y Sara es Sara. auténtico. Pero también representa esa sonrisa, ese “nico nico” que todos buscamos para nuestros hijos y para nosotros mismos: una vida con oportunidades, dignidad y felicidad.
Nuestra asociación tiene un sueño: que nuestros niños y adultos en el espectro tengan las mismas oportunidades que cualquier otra persona. Que puedan elegir dónde estudiar, a qué actividades ir, con quién compartir su tiempo. Que puedan vivir en un mundo donde no tengamos que luchar por cosas básicas, sino simplemente acompañarlos en su camino.
Pero Un Nico Nico no es solo para ellos. También es para nosotros, las familias. Queremos ser un espacio para las madres y padres que se sienten perdidos al recibir un diagnóstico, que necesitan apoyo, o simplemente desconectar del autismo por un momento y conectar con otras personas que los entienden. Y no olvidemos a los hermanos, esos héroes silenciosos que tantas veces quedan en segundo plano. Queremos ser también su red, su refugio, un lugar donde encuentren herramientas, apoyo y la certeza de que no están solos.
Y hay algo más, algo igual de importante: Un Nico Nico también quiere cambiar el mundo en el que vivimos. Sabemos que no podemos hacerlo solos, pero también sabemos que la sociedad necesita transformarse. Por eso, queremos ofrecer formación a profesionales de la educación, la sanidad y otros ámbitos, para que puedan comprender mejor y acompañar a las personas dentro del espectro. Queremos colaborar para adaptar ambientes, ya sea en escuelas, centros de ocio o espacios públicos, y hacerlos accesibles e inclusivos para todos. Y queremos alzar la voz por aquellos que aún no son escuchados, luchando por una sociedad que valore y respete la diversidad en todas sus formas.
Y por supuesto, tenemos una deuda pendiente con la etapa adulta, con esas personas autistas que enfrentan un mundo que no siempre está preparado para recibirlos. Nuestro trabajo no termina en la infancia, porque sus derechos, sus sueños, sus necesidades siguen siendo igual de valiosos y dignos de nuestra lucha.
Hoy estamos aquí porque compartimos una visión, un propósito, y porque creemos que juntos podemos cambiar la realidad. Gracias por venir, por ser parte de este sueño y por sumar vuestra fuerza, vuestra experiencia y vuestras ganas a esta causa.
Sin duda, caminar de la mano de una persona autista no siempre es fácil, pero sí es profundamente transformador. Nos hace más valientes, más conscientes, y, sobre todo, nos enseña lo que realmente importa: la empatía, la paciencia y el amor incondicional.
Hoy empieza algo grande. Hoy no solo fundamos una asociación; hoy sembramos esperanza para un futuro más inclusivo, más justo y lleno de oportunidades para todos.
Gracias por estar aquí. Gracias por soñar con nosotros. Y gracias por construir, juntos, un mundo mejor.
Carmen Máñez – Presidenta